Confesiones

Escucho Last Flowers to the Hospital. Acabo de ver Confesiones. Una película japonesa con una historia de dolor, venganza y muerte contada con tal astucia que me fue imposible precindir de la empatía y relacionarme con los personajes que, a través de diestros y bien estructurados monólogos, cuentan sarcástica y a la vez sínicamente los sucesos de la trama. Hace tiempo que no veía una película tan buena, tal vez desde I Saw the Devil a principios de este año.

Me la he pasado entre el exceso de trabajo, la apatía y la buena vida que otorga un poco más de salario al mes. Por lo que he dejado atrás distintas pasiones que formaban parte de mi amada monotonía. Incluyendo la música, el cine, el anime y la lectura... eso me recuerda un sueño que tuve hace poco:

Soñé con una puta asiática. Muy, muy delgada, del tipo de mujer que no me atrae en la vida real (o eso pensaba). Todo empezó cuando salía con unos compañeros del trabajo (borrachos, mujeriegos, ignaros, sínicamente iletrados), tomamos unas cervezas y me convencen de salir a buscar mujeres a algún burlesque (eufemismo de putero de mala muerte). Emocionado y mareado me dispongo a no acobardarme y llegar hasta las últimas concecuencias. Llegamos en bote, remando, a un putero, donde por alguna razón no me permiten pasar; únicamente a mí. Salgo molesto y me pregunto ¿acaso no puedo fornicar a cualquier otra mujer que se me antoje por dinero? Decidido, regreso al bote y encuentro otra "casa de citas", al entrar me dicen que pase a un cuarto, prepare el dinero y espere a que me atiendan. En el cuarto, empiezo a sentir una profunda melancolía sin razón. Entra ella, pequeña, flaca, fea.

- "Buenas noches", le digo.
- "Si ya apúrate", decía mientras se desnudaba por completo.
- "Es que yo quiero hablar un momento antes de empezar"
- "¿Y tardarás mucho? No tengo tiempo"
- "Mejor no hacemos otra cosa más que hablar, vamos a aprovechar el tiempo"
- "Mira, empiezas ya o me voy"

Salto hacia ella y me pongo de rodillas, abrazánola, humillándome, lamentándome.

- "Por favor, solo quiero hablar, dame cinco minutos al menos"
- "¿Eres de esos verdad?, ya suéltame, me das asco"

Desperté calmado, solo abrí los ojos y me quedé mirando al techo. Era una de esas raras veces en que recordaba mi sueños, o por lo menos uno de ellos. De regreso al mundo real, todo normal.

0 Click aquí para comentar: