La trágica historia del microbús y el Juzgado Cívico (primer cantar)

Historia real.

Viernes 14 a las 20:40. Un camión de periférico impacta sin razón aparente contra la parte trasera del automóvil de mi novia que llevaba un par de minutos completamente detenida, esperando que un trailer saliera del atolladero en que se encontraba.

- ¿Bueno?
- Me chocó un pendejo.
- ¿Dónde estás, te encuentras bien?
- Estoy emputadísima, fue un pendejo microbusero que me abolló toda la cajuela. Ya le hablé al seguro.

A eso de las 21:00 arrivé al lugar del altercado. El chofer, como buen neandertal, hablaba un idioma casi irreconocible mientras hacía tiempo y trataba de aburrirnos con historias de su seguro de camión imaginario; mientras su "chalán" daba vueltas por todas partes.

- Pues es que tú. ¿para qué te paras así? -le dijo.
- Llevaba parada dos o tres minutos no mames.

Antes de poder escaparse, justo despues del choque, se llamó a dos policías para que estuvieran al tanto de una posible fuga. Dichos policías trataban de convencernos (y al encargado del seguro) que esperáramos a que llegara el dueño del camión, siendo que no se iban a arriesgar a dejar el camión en el corralón y pagar la multa.

- Este señor no tiene seguro y no trae tarjetón -nos decía el ajustador del seguro- vámonos al juzgado cívico.

Despues de un tiempo de confusión, llegó el supuesto dueño del camión, regañando al chofer y amenazando con culparlo de robo, parecían primos o familiares de alguna clase. Llegó sin dinero y con promesas del mejor hojalatero del mundo.

- Le acabo de meter 40,000 pesos al camión y ahorita no tengo un peso. Pero te doy mi palabra de que...
- Tu palabra no vale nada.
- ¿En qué te basas para decir eso?
- En que no me aseguras nada real.
- Te doy la factura de mi camioneta 1980.
- Nos arreglaremos en el juzgado.

A punto de irnos y concluyendo que no iban a poder negociar conmigo, optaron por tratar de convencer a mi novia por el lado de la lástima. El chofer lloró, pataleó e intentó conmoverla con historias de hijos huérfanos y pobreza extrema. A punto de ceder, tuvieron la desgracia de enfrentarse conmigo. Las lágrimas ajenas me ponen de mal humor y bastante nauseabundo.

- Déjame ir y te prometo que te pago todo y ahorita te doy mi tele y mi stereo.
- No te creo.
- Te lo juro por dios...
- A bueno, eso cambia las cosas, ahora si te creo, es más para que no tengas problemas te dejo mi carro y me lo traes mañana -Pensé.

Los policias, resignados, se dieron cuenta de mi reacción ante tal aval. Nos fuimos al juzgado a las 0:00, cansados y hartos; no sin que antes trataran de convencerme de que ya habían traido al hojalatero:

- Mira él es el hojalatero.
- Ya no voy a hablar más, nos veremos en el juzgado.
- ¡Pues nos vamos!, pero vas a estar ahi toda la noche.
- Y solo así vas a pagar.

Aun después de que nos dieran la orden de llevar los carros al corralón, los policías trataron una vez más de que trajeran el dinero los culpables, esperamos otros diez minutos, obviamente no iban a darnos nada. ¿Y el corralón? En Tlahuac, el único que admite camiones de esa capacidad. ¿Y el regreso? En patrulla, posición de loto sin espacio, con el chofer del camión dormido al lado.

- ¿No qué estaba preocupado?
- Son unos mentirosos de mierda -contestó mi novia.

Regresamos al juzgado, ahora lleno de borrachos. Viernes de alcoholímetro. Se presenta nuestro abogado y se retira el ajustador. Gracias. Cuídense.

Un abogado explica a una mujer medio dormida los pasos a seguir y la posibilidad de dirigirse a otro juzgado con menos gente. Es mi novia, que apenas puede sostener la pluma concientemente. Terminamos en el juzgado donde se encuentra el auto destrozado de la hija de Lora. El lugar esta vacío. Los revisa el doctor. Se habla con ambos conductores. Tardanzas. El abogado nos cita al día siguiente a las 11:00, son las 4:00.

Llegamos a dormir un par de horas y bañarnos. Llevábamos gastados $100 del taxi que nos trajo. "Los primeros $100" como despues comenzamos a llamarlos.