Hace tiempo me cambiaron las actividades en el trabajo, dejé de pedir caridad para vender "protección de patrimonio" a médicos gabachos. El trabajo era ligeramente menos aburrido pero despues de un tiempo la monotonía regreso y continuó el repudio de cada mañana por $1000 a la semana.
Pasó un tiempo, el dueño tuvo problemas con los encargados de sistemas en EUA y me propuso le diera a conocer mis capacidades. Realicé una carta donde me paraba el culo más allá del trono de su Dios de preferencia. Resultó. Mi jefe iba a pagarme por aprender a moverme en la red y poner su sitio en los primero lugares; además de administrar sus sitios de caridades. Por fin alguien vió potencial en mi escualida figura y además, estaba dispuesto a pagarme por estudiar. - "Carajo," pensé, "es increíble que tenga que venir un extranjero a reconocerme."
Además de un aumento de $200 semanales se me dió acceso a TODO, cuentas de Amazon, servidor, dominio, todo de todo. Yo feliz, en un Nirvana existencial donde todo parecía embonar perfectamente como en un rompecabezas de dos piezas.
- "Asi se siente querer llegar a trabajar en las mañanas", pensaba, - "Que aprenderé hoy, será un poco más de HTML o me voy al Wordpress." Se me compraron libros y se me otorgó libre albedrío en mis acciones.
- "Hey boss, my computer is old and slow, I can't run the stupid Dreamweaver"
- "Do you think I can pack up Darren's computer and send it over?"
Asi corrían las conversaciones; y de hecho el lunes se me trajo una computadora tamaño servidor. Pero... el paraiso no es eterno y todo se derrumba cual Jesucristo en la crúz.
Le robaron una Laptop al Jefe. Ya que se fue urgentemente a EU la semana pasada no la guardó. El lunes que llegó, nos enteramos de tan extraordinaria noticia. Aunque todo parecía normal (digo me trajo la maquinota) el martes se me prohibió encenderla. El jefe, con cara de muerte, me dió un dicurso deprimente: de su dificil juventud y sus dos familias con mujeres negras a las que no puede mantener. El discurso terminó en... nada. Acabo su cofesión y me dijo que se iba a EU de nuevo, por otra emergencia, algo de unos passwords. Mi pensamientos se llenaron de signos de interrogación.
El Miercoles y hoy todo igual, se me degradó de nuevo a hablar por teléfono de listas hechas a mano por parte del gerente. Nuestras preguntas rebotan contra una pared de respuestas ridículas que rozan la estupidez:
- "David, me prestas tus llaves"
- Si, ¿para qué eh?
- Es qué... quiero ver algo.
De esa forma le quitaron a mi compañero sus llaves. Cuando el gerente se va por un café bloquea su computadora. Se encierra en la oficina del jefe para hablar por teléfono obviamente de nosotros. No contestan los emails. Se nos cita a las diez y salimos a la una, cuando no nos daban ni los días festivos, ni veinte minutos los viernes. Hasta la señora de la limpieza nota la hostilidad.
¿De verdad creen que perdería un puesto soñado por una laptop de diez o quince mil pesos? ¿Creen que robaría información a la cual ya tenía accesso desde el FTP? Carajo, tenía el password de Amazon, pude pedir ocho mil dólares en discos y nunca ser encontrado.
Mañana será un día definitivo. Mostraré los hechos y pediré una respuesta realista. Se acabaron los jueguitos. Parece que la panacea expiró más pronto de lo imaginado y por razones completamente fuera de mi alcance.
Que fácil es creer en un Dios al que se le pueda cuestionar cuando las cosas no nos favorecen. Pero no lo hay, la vida es mierda, pero la venganza es dulce y sabe mejor cuando se sirve fría; ténganlo presente.