Wey... casi me vomito
Estas fueron las palabras finales cuando Zatarra me terminaba de contar un anécdota laboral que parecía ejemplo exacto de la poca dignidad del Mexicano. Resulta que Zatarra trabaja en una cafetería (ya saben de cuales, ésas donde no sabes si el mesero se esta pedorreando en tu Pan Francés). Le pagan el sueldo mínimo, trabajando ocho horas diarias y además los sábados. En este lugar maravilloso, se encuentran él y dos meseras más que atienden a los clientes. Los días pasan y todo es común y corriente la primera semana. Hasta que llega el viernes. Y Zatarra recibe finalizando el día, un comentario de sus compañeras:
- "los sábados, normalmente, llegan unos judios", dijo (por favor imaginen el tono "cantadito" con que hablaba)
Zatarra no sabe que pensar, si las meseras son racistas o simplemente lo mencionan como si cada sábado vieran un bicho extraño y su pobre intelecto recibiera señales fascinantes de novedad que causaba a sus vajinas lubricar.
Llega el sábado y todo tranquilo. Llegan los clientes, piden café, Zatarra les escupe a las tasas o, siendo una persona extremista en asuntos de ahorro, no lava las tasas y las usa durante todo el día; un día cualquiera.
-¿No iban a venir unos judios?, preguntó, como si le importara.
- "Tal vez hoy no lleguen", suspira la mesera.
Zatarra espero impaciente el fin de ese sábado para poder regresar al templo de drogadicción que lo envuelve en un paraíso dorado embellecido con aves de plumas rosas. Pero faltando un par de horas..., llegaron aquellos.
Eran hombres gordos y sudorosos. Cualquiera pensaría que eran personas comunes, pero no para las empleadas. Para ellas eran criaturas divinas, como salidas de epopeya griega. Ni siquiera Odiseo obtuvo tal placer al ver a su amada como el que las meseras experimentaron al aparecer sus Dioses de narices largas. Se sentaron. Y las perras en brama no dejaban de alagarlos, entregándoles no solamente la merienda, sino tambien, sus culos indignos. Mi amigo con cara extrañada comienza a sentir náuseas, causadas por aquel comportamiento. Una mesera se acerca:
- "saca tu mejor sonrisita !eh!"
Dichas aquellas palabras, mi amigo les dió la espalda. Sé que quedó pensativo, tratando de entender la reacción de aquellas zorras. Se fueron los puercos. Mi amigo se acerca a la mesa. Cuando, las ahora abortos de la madre dignidad, le dicen: "¡Uy dejaron buenas propinas!"
- Wey...casi me vomito, finalizaba de contarme el buen Zatarra.
Ni siqueira me doy el lujo de comentar la historia en el blog. Saquen sus conclusiones.








